jueves, 3 de abril de 2008

MUERTOS DE RISA


Cuando mi abuela la Adelaida iba a contar una anécdota referida a un difunto expresaba: "Como decía el finadito .... (¡que no me lo diga más!)" y a mí me complacía hacer comentarios impíos sobre segundas oportunidades ante lo cual ella enfurecía y daba por terminada la evocación. Pero no adelantaba temer a esas cosas: la muerte y los Ramírez tenemos una vecindad entrañable, tanto que dos por tres me sorprendo nombrándola como a alguna parienta vieja.

Cuando pasábamos frente a la sala velatoria habiendo funeral, o veíamos un cortejo , mi padre solía comentar como al descuido: "Ese no toma más Coca Cola" y, además, tenía una colección imperdible de cuentos de velorios ,enriquecida por sus largos años de policía y por una imaginación que no siempre se matrimoniaba con la realidad.

Sin embargo mi Tía la Tónquina no; ella jamás compartió la impiedad con que mi viejo hablaba de los difuntos y presumo que a escondidas se persignaba. Ella ha sufrido por ella y otro poco por nosotros ,dado que -me parece- sospecha que somos medio bárbaros para el tema de los decesos y las lamentaciones. Cuando uno de los nuestros, ya ascendido parece alejarse, le reza, le reza y le reza hasta que lo trae de vuelta, al alcance del cirio prendido frente al portarretrato.

El día en que enterramos a mi viejo, mientras marchábamos al cementerio en esa especie de desfile macabro, mi Tía, transida de dolor, se da vuelta, mira hacia atrás y observando la fila de coches expone la siguiente estadística mortuoria: "Qué pocos autos: en el entierro de la finada Chiche, tu madre, había más" No pude reír porque mis fuerzas estaban en otra parte, pero entonces supe que el autor de mis días había dejado de contar chistes de velorio para poder protagonizarlos.

SOSTIENE PEREIRA

De los libros que uno lee y se le impregnan en las venas es "Sostiene Pereira" de Antonio Tabucchi.No me abandonan desde entonces las estampas de Lisboa, la plaza, el café donde Pereira iba más religiosamente que a misa ,y todavía me conmueve la ternura con que miraba el retrato de su mujer y le contaba sus días, la misma ternura con que Tabucchi desliza su mirada sobre ese hombre envejecido, envuelto en melancolía.
Pero sobre todo recuerdo el oficio de Pereira: periodista, columnista de un periódico que, en los tiempos más duros de la dictadura de Salazar en Portugal, escribía notas fúnebres de escritores ilustres;las componía para los que ya se habían ido de este mundo hacía tiempo o preparaba por adelantado las dedicadas a algunos que ya estaban haciendo la valija.Ni a favor ni en contra de nada: así vivía y escribía.Sólo la amistad de un joven idealista y rabiosamente combativo lo hace cambiar su mirada.
Pero no quiero contar algo que Tabucchi ya contó (y presumo que mejor de lo que yo pudiera hacer). Sólo estoy rememorándolo porque a veces me siento un Pereira que escribe sobre cosas que no provocan debate, que no confrontan.Me pregunto si el amor por los micromundos no es una de las tantas formas de la cobardía, de miedo a los mundos grandes.
No voy a dejar de escribir lo que escribo simplemente porque no puedo dejar de ver las cosas y de encantarme, pero no debo olvidar que "Afuera otro mundo más mundo nos reclama"

miércoles, 2 de abril de 2008

ME SUENA A ALGO

Todo instante de mi vida tiene una canción, una banda sonora (y eso que no creo tener una existencia de película). Aquí están algunos de esos temas que contienen lo mejor y peor de mis días.

Leonad COHEN: "Dance me to the end of love"

BUENA VISTA SOCIAL CLUB: "Chan Chan"


JANIS JOPLIN: "Me and Bobby MC Gee"


THE DOORS: "Touch me"


CAETANO VELOSO: "Jokerman"


PD: Dedicado a Eugenia que me metió en esto y a Charruita que me sacó.

martes, 18 de marzo de 2008

¡QUÉ BICHO EL AMIGO!


Creo poder decir que tengo amigos, tal vez no muchos pero seguro que suficientes. Tuve los amigos de la infancia y adolescencia de los que no me queda ninguno: nos separaron las orientaciones profesionales, los estados civiles y/o los dramas familiares. Cuando empezamos a reencontrarnos ,en ocasiones no conseguimos averiguar qué habíamos tenido en común.
Tuve luego mis amigas de la pensión y el apartamento en Montevideo, gente que debería ser premiada por convivir conmigo, no agredirme con arma de fuego y ,encima, en varios casos, quererme. Paralelamente (pero con escaso contacto entre ambos grupos proclives a mi persona), tuve amigos que empezaron en el IPA y me fueron arrastrando al Solís, a las ferias vecinales, a Juntacadáveres, a las casas de playa, a las calles hermosas de Garzón y Lezica y a otra infinidad de sitios de variable reputación.
Y tengo los amigos de esta villa Santa que a veces es Clara y otras veces Oscura, esa gente a la que por temporadas merezco aunque en alguna que otra ocasión les haya huído cobardemente para que no me ayudaran. Juntos forman un grupo pintoresco que casi nunca he visto reunido del todo a no ser en alguna Arca de Noé de esas que organizo anualmente (o sea mi cumpleaños).
Cuento entre ellos a Nelsa, que jamás le hizo caso a nuestro grado de parentesco y optó una y otra vez por ser mi amiga; los 40 y pico más ingenuos que he visto en la vida (y la risa más estruendosa y genuina que mis oídos hayan podido soportar).
Está también Charles , especie de Patriarca posmo, desaforado y brillante que me dio unos metros de ventaja y, cuando quiso acordar, me había adoptado. A su lado (y al mío) La Mujer, alguien cuyo cariño en mis peores momentos me resultó casi inexplicable y que más de una vez me sacó a escobazos de mi rincón de telarañas. Aún hoy me encanta ver cómo sirve la comida como celebrando el eterno ritual de compartir; creo que ella y Charles tienen algo de Adán y Eva, un tinte de pareja original (por lo de Origen y porque de verdad son sui generis).
Me aconteció también el Agropecuario cuyo andar me produce una nostalgia infinita y cuya propiedad de la última palabra me produce hipertensión. Es alguien a quien le tengo enorme afecto y le tengo registrados gestos de esos que sólo se tienen para con un amigo. Casi nos divide la felicidad de los triunfos políticos, pero entonces nos apareció San Carlos de los Proyectos y nos dio sin querer la excusa para hablar otra vez de chanchas moras (y doradas) , y recordar que los asados tal vez no existan más que como refugios para amigos con áreas incompatibles.
Conjuntamente he tenido la amistad de La Morocha, que me gané en sabe Dios qué Lotería prodigiosa. Ahora que ya no nos vemos tanto nuestros hijos son el puente por el que vamos una hacia la otra de vez en cuando.
Y está Mariana ("Ay ché, qué espantoso") que no sé si ella sabe que es mi amiga pero yo la voto igual porque es de los seres más íntegros que he conocido y porque tiene una piedad infinita hacia los seres anárquicos y emocionalmente inestables como yo.
Capítulo aparte ocupa la Luisa que ostenta el dudoso honor de Musa Inspiradora, pero bien rara: no me toca las sienes con una pluma de cisne ni tañe la lira: me chifla en la puerta con un budín bajo el brazo y cuestiona mi inteligencia para motivarme a escribir (a ella le debo este blog y la resurreción de unas 45 neuronas. Porque se reproducen sí y no me porfíen porque lo vi en el Discovery Channel).
En resumen: los amigos son una subespecie de las que por suerte no se extinguen (y eso que son bichos raros)

miércoles, 12 de marzo de 2008

Gracias caperucitaslife por el meme y el premio. Paso a responder:


a – Si pudieras parar el tiempo en un momento de tu vida. Cuando avisté Salvador de Bahía desde el avión
b – Si pudieras estrecharle la mano a alguien. A la Ñusi, donde quiera que esté
c – Tu puedes cambiar el mundo? Hallo que sí: buen gusto tengo.
d – Que harás esta noche? Oír a mi hija decir que me ama hasta el cielo y saber que es verdad.
08.- Una película: Tiempo de gitanos
10.- Playa o Montaña: Playa (no tengo talento para escalar)
11.- Ciudad preferida: Lisboa
12.- Cerveza o vino: Vino
13.- El vaso mitad lleno o mitad vacío: lleno ( de vino)
17.- Tipo de música: rock´n´roll
18.- Una canción: Mercedes Benz (Janis Joplin)
19.- Flor: de campo
20.- Tema de conversación más detestado: mis presentes kilos de más comparados con mis antiguos kilos de menos.
24.- ¿Cómo te ves en el futuro? una vieja loca y de lo más agradable
25.- ¿Qué harías si te tocase la lotería? Compraría Peñarol (y lo sacaría campeón)
26.- Cuando sales ¿qué bebes? Me bebo los vientos
27.- Estilo de vestir: excluye los tacos (salvo para la bailanta)
28.- ¿Qué cambiarías de tu vida?: La colección de amores perros.
e – Cual fue el día después del que todo fue diferente? Cuando, de mi vientre, nació Pastora
31.- Lo primero que piensas cuando despiertas: "¡Qué ruido espantoso el de este despertador!".
32.- ¿Las tormentas te gustan o te asustan? Me gustaban antes del tornado del año pasado
33.- Si pudieras ser otra persona, ¿quién serías?: Cantante de una banda de rock´n´roll
34.- Algo que tienes puesto siempre y no te lo quitas: las ojeras
35.- ¿Qué hay en las paredes de tu habitación? Una imagen de Fito Páez cuando aún era él.
37.- Tímido o extrovertido: extrovertida (pero sólo para disimular la timidez)
38.- Una palabra que te encante decir: " Nossa !"
39.- Alguna despedida especial: a mis alumnos de 6to cada año
40.- Libro favorito: Cien años de soledad
42.- Lugar preferido: La puerta de mi casa (mirando hacia los cerros).
43.- Conformista o inconformista: inconformista
46.- Hobby: escribir / ver todo el fútbol que entre en mi retina

viernes, 15 de febrero de 2008

APARTA DE MÍ ESA CUMBIA


He pensado seriamente en abandonar la cumbia. Yo, admiradora de Janis Joplin y adoradora de Leonard Cohen he llevado durante todos estos años una vida paralela que me ha tenido meneando las caderas por los locales bailables de medio Uruguay (¡bah!, en realidad de cuarto). Pero cortar el lazo tropical me obliga a mudarme de Santa Clara o a revisar seriamente todo mi universo vital.

Santa Clara y la cumbia tienen una existencia indivisible. A los cuatro o cinco años el niño aprende a bailarla con la anuencia de sus padres en el entendido que está adquiriendo un mecanismo de supervivencia en sociedad y de ahí en más se convierte en el santo y seña para alternar en cualquier evento (o sea: en el baile. No vamos a presumir de tener variedad).

El baile, ese gran retrato de costumbres lugareñas.

Para muchos ir a un baile es simplemente eso: ir , para otros, sin embargo, es una sucesión de etapas que da inicio con la producción previa. La ropa y el maquillaje son los códigos esenciales.

Puede una vestirse con ropa holgada, algo excéntrica y pintarse como si no lo hubiera hecho. Esa es la actitud: "Yo no estoy aquí".

Puede una vestir ropa casual, no pintarse y pasar de largo de todo. Esa es la actitud "Me divierto igual con una cumbia o con el Himno Nacional"

Puede una colocarse el jean bien apretado y una blusa ceñida y con generoso escote; le adicionará luego una pintura que resalte sus provocadores labios. Esa es la actitud "Estoy buena, hace rato que me dí cuenta, me gusta que lo adviertas, y si quiero te hago caso"

Puede también la señora o señorita (o el resto) transpirar hasta entrar en el último pantalón que todavía le queda, valorizar su escote y pintarse a lo vampiresa. Esa es la actitud "Ahora o nunca".

Cumplidos esos requisitos marchará a la bailanta.

El local está en semipenumbra, y por él ya deambulan los futuros danzarines (bailar ya de entrada es cosa de gente mayor y casada). Si una es habitué, casi de ojos cerrados se dirige a su puesto y elige entre adoptar una pose neutra (provocativa sólo cuando la madrugada avanza) o iniciar unos discretos movimientos en el lugar; la ventaja es que ese movimiento podrá mantenerse la noche entera dado que la base rítmica permanecerá incambiada hasta las 5 de la mañana. Las canciones irán nombrando injuriosamente cada parte del cuerpo femenino, luego pasarán por la etapa de exaltación fálica y más tarde dirán más o menos lo mismo pero en tono romántico para que no parezca que sólo piensan en ESO.

He llegado a sospechar que los de la National Geographic se harían un banquete si se dieran una vuelta por aquí. No seremos los leones de la sabana africana pero ... le andamos cerca en algunos aspectos. Hombres y mujeres se separan en pequeños grupos y observan; muchos bailan, pero en las mujeres especialmente se advierte una expresión que poco se asemeja a la diversión: vistas de cerca tienen la misma mirada de una cajera de súper en hora pico. Siempre me ha fascinado ese detalle: bailar a esas alturas más que un mero regocijo parece parte de un imperativo de la especie. Divertirse es, en definitiva, algo muy serio.
Yo, sobreviviente de la época en que esperabas la invitación a bailar engrillada a una mesa, y que acompañé (siempre con sabrosura) la evolución (?) de nuestras costumbres danzantes, estimo que encontré bastantes amores y perdí suficientes oportunidades en esos templos de la parranda, así que ahora que estoy mudando de piel tal vez deba ,también, mudar de sitio.
En fin, a mi también me ha alcanzado la selección natural, por tanto creo que es hora de abandonar la cumbiamba antes de que me alcance , además, algún predador infame.

domingo, 3 de febrero de 2008

PALABRITAS

Hace tres días comenzamos un nuevo capítulo de las enfermedades familiares, esas que ya traen una espada de Damocles incluida. Y bueno, otra vez todo: la palabra cruel, la incredulidad, la negación, el viaje hacia adelante en un tiempo que se presume doloroso y de siempre despedida, luego el regreso al presente y un pacto con la esperanza. Y la otra parte: el médico, ese universo de lo dicho y lo sospechado, donde una palabra a veces es lo que te separa del infierno tan temido, un pequeño universo gigante donde las palabras cuando cobran diminutivos se vuelven enormes: el tumor deviene tumorcito, el nódulo es un nodulito, la camilla es una camillita.
Estar arrasado por la tristeza es algo por lo que todos alguna vez pasamos, como por el amor, el miedo o la furia, pero a esa corriente hay que remarle en contra., más que a cualquier otra. ¿Y qué hago yo ante la evidencia material e irrefutable? ¿Qué hago yo por esa doña que está en todos los capítulos de mi historia? La recuerdo, la recuerdo y la recuerdo ahora que está, ahora que es. Tal vez si me apodero de sus pasos cortos, de sus santitos, de su voz de soprano y de todas sus obsesiones no se atreva a irse.