miércoles, 7 de octubre de 2009

SIGUE SIENDO ROCANROL





Me miro en el espejo
y me veo un poco viejo
para andar cantando rock
Hace tanto fui rockero
que mi campera de cuero
en el ropero se aburrió

Rebeldía, todo el dia
eso era el rocanrol


Me gano la vida con palabras. A veces fluyen de mí en forma de armonioso discurso y otras veces forcejean para librarse de mi lengua trabada por el cansancio.
Nací predispuesta al habla y tal vez por eso puedo hablar del tiempo, de música, de la dieta saludable, de los hombres, de fútbol, de la vida ajena, de filosofía y de casi cualquier tópico. Pero siempre me resistí a hablar de enfermedades; me parecía cosa de hipocondríacos. No obstante, desde que me volví frecuentadora de salas de espera, depuse mi aversión a ese mundo de puntadas, temblores y mareos.
Con la Tónquina, los diálogos telefónicos y en persona se han vuelto considerablemente más sustanciosos ahora que compartimos experiencias de calambres, pastillas para la hipertensión, y el dolor que te empieza acá y te corre todo por aquí.
Además, ahora que la mitad de mis amigos usan lentes de aumento y la otra mitad hace fila conmigo para repetir medicación creo que es tiempo de ampliar mis horizontes y el asunto de mi prosa. Las largas melenas se han ido plateando con las nieves del tiempo (sólo que con esto del cambio climático las nieves llegaron antes de lo previsto). Pero esta bueno este proceso "geronto-grupal" porque uno se siente más acompañado en eso de contar mil veces la misma historia a la misma persona ya que ésta te cuenta mil veces a vos la misma historia también.
Con el Agropecuario hemos batido todos los records de historias "milcontadas"; lo gracioso es que mientras él me va haciendo el relato cae en la cuenta de que ya me lo hizo y yo sigo escuchándolo como si fuese la primera vez hasta que, por allá, dejo caer un inicio de frase: "Sí: ya ..." y sigo escuchando el relato. Sucede igual a la inversa, cuando la narradora soy yo y el compasivo oyente es él. Ambos hemos arribado a la conclusión de que éstos y otros episodios son un buen ensayo para la vejez que-de seguro- no nos va a tomar por sorpresa.
Con La Mujer nos unen infinitos lazos, pero en los últimos tiempos hemos descubierto otro vínculo: ambas poseemos un barómetro personal;cuando a ella le duele la zona lumbar y a mí la pierna derecha, seguro que viene tormenta.
Con el Gordo Basquet, además de castigarnos con Pink Floyd y admirar la fotografía de las películas de Zhan Yimou (el que hizo Héroe, la de Jet Li), también podemos llegar a recitar episodios enteros de los Backyardigans y polemizar acerca de los amiguitos de Barnie.
Pero cuando nos juntamos en algún cumpleaños de 15 siempre me da la misma sensación de cuando veo una reunión en escena de Led Zeppellin o The Who: la barra no se mueve como antaño pero la mística sigue intacta:

Rebeldía, todo el dia
sigue siendo el rocanrol.

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